Desde los tiempos de la Colonia española y particularmente durante los últimos 200 años, el soporte económico y cultural de gran parte de la región central y de la franja costera del actual Estado de Veracruz, se ha cimentado sobre la actividad agrícola del café y la caña de azúcar.
Hoy, como hace siglos, oleadas de hombres y mujeres trabajadores(as) y sus familias, continúan desplazándose estacionalmente a las plantaciones de café y caña para realizar labores propias del cultivo y de la recolección. Una parte aún no bien definida de esta población migrante está representada por niños(as) y adolescentes que se desplazan solos o acompañados, desarrollando actividades laborales bajo condiciones inaceptables, jornadas extenuantes de trabajo, alimentación inadecuada, hacinamiento insalubre, etc., comprometiendo su sano desarrollo físico, mental y emocional.
Según el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) y la Secretaría del Trabajo, Previsión Social y Productividad (STPSyP), en México existen más de 3 millones de niños/as trabajadores/as. De ellos/as, 4 de cada 10 no reciben remuneración alguna por las actividades que desarrollan.
En el caso concreto de Veracruz, se estima que existen cerca de 85 mil niños/as menores de 14 años que trabajan. Alrededor del 15% de esta población, tienen jornadas laborales que rebasan las 8 horas diarias, en una franca violación a lo que establece la ley. La situación anterior ha convertido al estado de Veracruz en una de las cuatro entidades del país con mayores retos en la materia.